La casa de mi sueños
Los cristales de las ventanas convierten en arcoiris cualquier rayo de sol que los atraviesa.
Suena Getting Older de Billie Eilish.
Hace el frío suficiente como para querer tener una mantita que me abrace mientras me siento en el sofá con una taza tibia.
La casa de mis sueños huele a café rico, no torrado. Es ordenada, sin que parezca plástica y sin vida. Ves los juguetes de los perros sobre la alfombra de la sala, y hay un par de libros cuya lectura parece estar en proceso porque hay un separador en cada uno.
Las lecturas en simultaneo siempre me asombran: recordar los detalles de una novela y poder saltar minutos después a otra historia, otro universo. Esos lectores me evocan una mente serena con espacio suficiente para contener mundos paralelos.
En la casa de mis sueños yo tengo ese espacio mental y lo voy ocupando con decisión y no porque mi ansiedad me lleva saltando...
De un peligro a otro
de un fracaso a otro
de una ausencia a otra
hasta
que no me queda...
aire.
Y solo cuando le pido a todo mi cuerpo que se esfuerce, y resista, que salga del bucle y respire... Es cuando el aire deja de ser esquivo y entra a mil pulmones y escucho a Billie de fondo y tengo el mismo sentimiento...
Quizás yo también soy mala sanando.



